+750 centros clandestinos de detención funcionaron en la argentina durante la ultima dictadura militar.

La ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) está ubicada en la Capital Federal de Buenos Aires.

5000 personas se estima que estuvieron detenidas desaparecidas en este centro entre 1976 y 1983.

« Había un fichero con unas cinco mil fichas de cartón que agrupaban por alias o nombre y apellido. También en la misma oficina se asentaban todas las personas que pasaron por la ESMA; donde además de los datos personales figuraba una columna con fecha de ingreso y de egreso, y otra donde se podía leer “L” y “D”. Allí se hacía una anotación según el destino de cada caso, que podía ser “desaparición” o “fusilamiento”, “liberación” o “cautiverio actual”. » (Lázaro Jaime Legajo N° 4912).

«Febres me dijo que tenía que bajar al sótano. Me quedé duro, un compañero me tomó la mano pensando en que me trasladaban. En realidad otro compañero pidió abrazarme antes del traslado. Ahí vi la fila en enfermería, antes de que les dieran pentotal, que ellos llamaban pentonaval, para adormecerlos y tirarlos al mar. Durante las horas de traslados, no nos hacían trabajar. » (Ricardo Coquet, sobreviviente de la ESMA).

« Los secuestrados en la ESMA fuimos torturados física y psíquicamente. Con golpes y electricidad, pero también estando inmóviles, incomunicados, sin comer, pensando las 24 horas del día, sin noción del día o la noche y escuchando el roce de los grilletes de los que estaban al lado. » (Susana Leirache, sobreviviente de la ESMA).

« Me hicieron desnudar. Me sentí absolutamente humillada. Había como cuatro o cinco hombres. En ese momento, me revisaron la parte anal y la parte vaginal. Aparte manoseándome. Todo a los gritos»

« Este guardia me va manoseando todo el camino, yo no sabía dónde estaba pero subí escaleras de mármol y después subí escaleras más angostas y este señor en todo momento estuvo manoseándome. La persona que me manoseaba era el que nos llevaba a la sala de tortura y nos traía. » (Blanca González, sobreviviente de la ESMA).

González relató que en su cautiverio un día, encapuchada,  fue violada por un guardia, tras lo cual pedía “por favor” que la lleven al baño a lavarse.

« Cuando llegó al baño, los guardias me vuelven a violar, a nosotras nos violaban cada vez que pedíamos ir al baño. » (Blanca González, sobreviviente de la ESMA).

Las embarazadas 

« Había una habitación en la que estaban chicas embarazadas. Como estaba abierta la puerta y pasaba para ir al baño, veía esta habitación. «Las mujeres que eran detenidas embarazadas o llegaban desde otros centros para dar a luz en la ESMA representan uno de los cuadros de horror más grandes, de mayor crueldad que pueda planificar y llevar a cabo un individuo; el llanto de bebes mezclado con gritos de tortura» (…) «arrancados de sus madres a los dos o tres días de nacidos con la promesa de que serían entregados a sus familiares y que sin embargo siguen desaparecidos» (Nilda Noemí Actis Goretta. Legajo N° 6321).


«Capuchita» : Era un lugar donde originariamrente estaba el tanque de agua que abastecía todo el piso del casino de oficiales. Allí había dos salas de tortura y un espacio donde se mantenía a los prisioneros de la misma forma que en “Capucha”. Constaba de unos 15 a 20 tabiques que separaban a los secuestrados entre sí. Las condiciones de vida eran peores que en Capucha.Este lugar fue utilizado por los miembros del Servicio de Inteligencia Naval para torturar y mantener a sus secuestrados separados de los de la ESMA.

« La peor tortura era la vida diaria en esos campos de concentración, ya que la ‘picana’ termina cuando acaban los interrogatorios, pero el trato denigrante, los golpes, las humillaciones, las violaciones y los gritos de otros torturados formaban parte del escenario cotidiano. » (Mario Villani, trabajador esclavo sobreviviente de la ESMA).

« Cuando venía la patota el terror era general, incluidos los guardias. A pesar de no ser este régimen de vida ni siquiera humano, era privilegiado respecto del de los hombres, quienes estaban literalmente tirados en el piso, sucios, con piojos, con infecciones. Llegaron a ser alrededor de 30, algunos heridos o desnudos, sin poder moverse ni hablar demasiado por miedo a los castigos y comiendo la mitad de las veces que nosotras». (Adriana Calvo de Laborde, sobreviviente de la ESMA)

 Primer y segundo piso: los dormitorios de los oficiales, lugar al cual los detenidos no tenían ningún acceso. 

« Para ir al baño me tenían que llevar, iba arrastrando los grillos. Tenía que bajar las escaleras y más de una vez caí. Aparte de los golpes de la caída, recibía los golpes que me daban por haberme caído. Y si no me caía, los guardias que pasaban al lado se divertían golpeándome.»


« Cuando el torturado entraba en coma y lo llevaban a la enfermería para recuperarlo y seguir torturándolo, lo hacían pasar por delante del taller donde yo estaba trabajando para que lo viera. Estaba produciendo daños muy grandes, incluso la muerte.» (Mario Villani, sobreviviente de la ESMA).


 « Hallándome en una sala de juegos donde había una mesa de billar, pude ver a través de una ventana una mujer encapuchada y encadenada de pies y manos, que era descendida de un Ford Falcon. Estaba acompañada por dos hombres; no puedo recordar cómo estaban vestidos, creo que de civil. Si recuerdo que estaban armados. Ante esta experiencia desconocida pregunté a mi amiga Berenice lo que estaban haciendo, y ella me contestó algo muy poco concreto: “que se perseguía a la gente en patrullas. » (Andrea Krichmar. Legajo N° 5012).

Actualmente, la EX-ESMA funciona como un espacio para la Memoria, la Verdad y la Justicia.

«Sabemos que Verdad, Justicia y Memoria son las mejores garantías para el Nunca Más… Con nuestro empeño de Memoria, tratamos de que estas tragedias no caigan en el olvido y permitan, por el contrario, reconocer síntomas de repetición… ya que la Historia nos enseña que lo que sucedió una vez desgraciadamente puede repetirse. Lo ejemplifica mi propia vida, con las analogías de dos historias, la de mi abuelo materno, deportado y muerto en Auschwitz y la de mi hija muchos años después, en la ESMA, dos campos de concentración emblemáticos, cámaras de gas y vuelos de la muerte, no hay tumbas, hay heridas que no cierran, sin duelo posible. »

Palabras de Vera Jarach en el tercer juicio de la Mega Causa ESMA.